Autor: Esther M. de Prádena

25 de enero de 2020

ADIÓS A LA ÚLTIMA CORDONERIA DE MADRID

(entrevista con Guillermo)

En 2 metros cuadrados, en apenas el espacio del hueco de un ascensor se encierran 99 años de historia de España, en concreto de la más castiza de Madrid.

En la fachada de uno de los edificios de acceso a la Plaza Mayor, dos grandes escaparates flanquean la puerta a una pequeña cueva de Ali Baba, versión española.

Como no pararse y echar un vistazo a la más peculiar y cañí exhibición de objetos de la España de mediados del siglo pasado. Aquellos que adornaban las casas de nuestros abuelos, gitanillas y toros miura de los que se colocaban encima de la Tele.

De la cueva de Ali baba, no sale precisamente el genio de la lámpara, se asoma sorprendido un hombre amable al que simplemente le llama la atención mi excesivo interés y las fotos a un escaparate repleto de castañuelas, peinetas, pendientes de gitana y muchas piezas de cordoneria.  

Nos saludamos y se presenta como Guillermo, el dueño del variopinto negocio. Apenas pasados unos segundos de banal conversación, me comenta que echa el cierre mañana a este negocio de 99 años de historia.

Guillermo me habla de su bisabuela, la que estableció el negocio de la Cordonería, que después prosiguió su abuela y de orgullosa herencia lo regentó antes que él su madre, Dña. Pilar Fillola Mora “La Cordonera”.

Me relata con gran cariño, respeto y admiración, como conserva la silla y mesa que utilizaba La Cordonera para confeccionar a mano la pasamanería para los diseños de Petro Valverde. De esas mismas manos salieron los flecos para los vestidos de Lola Flores y los mantones de Rocío Jurado. Y además como realizaba todas esas piezas de artesanía, como desde hace muchos años lo sigue haciendo su hermano Jorge.

De su pequeño taller en uno de los pisos del mismo edificio se hacían borlas y cordones para la casa real, y entre sus clientes más asiduos se encuentran los sacerdotes y cofradías de más tronío de la Semana Santa.

Me muestra el metro de madera con la que han medido metros y metros de cordel, telas e hilo dorado, que han forjado la profesión y pasión de su familia durante casi un siglo.

Mañana dejará atrás 36 años de vivencias personales y de recuerdos de esa España antigua que no parece haberse adaptado al siglo XXI, ya que el edificio de la Calle de La Sal número 1 de Madrid se ha vendido, la última Cordonería del centro desaparece para dejar hueco en esos 2 metros cuadrados, al ascensor que dará acceso a más pisos turísticos del centro de Madrid.

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